Conduces hacia la oficina.
La canción te gusta. Las cantas sin pensar. Todo encaja. Otro día maravilloso por vivir.
En la radio, una voz corta la música:
un avión, decenas de muertos, la guerra sigue, nadie hace nada.
La voz calla. Vuelve la canción.
Golpeas el volante con los dedos. Todo sigue igual.
Suena el teléfono. Contestas. No dices nada. Escuchas.
Al otro lado, alguien pronuncia tu nombre como si pesara. El volante se vuelve ajeno en tus manos…
La carretera continúa, pero ya no la sigues igual. La canción termina. No recuerdas cuándo.
El mundo sigue ahí fuera, intacto, indiferente. Los coches pasan. La canción continúa en la radio de otro. Pero aquí no.
Aquí no hay música. No hay ritmo. Solo un peso oscuro, inmenso, cayendo sobre ti.
Entonces lo entiendes. La vida se ha detenido a mirarte. Y ahora sí importa. Te ha atravesado.
No eran las noticias. No era el mundo. Eras tú.