Lentitud

Eran las tres de la tarde, y llegaba tarde.

No volando, no atravesando paredes. Llegó caminando, despeinado, con una bolsa de la compra en la mano.

Entro en su apartamento, y vio la planta marchita.

—Lo siento —dijo, dejando la bolsa en el suelo—. Hoy tampoco salvé el mundo.

Se sentó frente a la maceta y, con torpeza, vertió demasiada agua. La tierra se desbordo.

Había detenido meteoritos, desviado misiles, sostenido aviones en caída. Pero esa pequeña vida verde… siempre se le resistía.

A lo lejos, una explosión sacudió la ciudad. Superman no se movió.

Por primera vez, decidió que el mundo podía esperar… y comprendió que tenía que aprender a cuidar algo sin salvarlo.


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