En la rama más alta del bosque vivía Sócrates, cada noche observaba el mundo en silencio mientras el resto de los habitantes dormían.
Cada noche volaba sin hacer ruido entre los árboles. Con la luna como compañera, escuchaba el suave murmullo de las hojas, observaba y aprendía todo lo que ocurría en la espesura.
Una noche, el pequeño Bandido se perdió y empezó a temblar de miedo. Sócrates lo vio desde su rama, y descendió suavemente volando delante de él, guiándolo poco a poco hasta su hogar
Cuando Bandido entro por fin en su madriguera, levanto la vista para agradecerle. Pero Sócrates ya había regresado a su árbol, silencioso como había llegado
Bandido comprendió que Sócrates no solo veía en la noche, sino que, como el verdadero sabio, encontraba claridad donde otros solo veían sombras
A la mañana siguiente, Bandido conto a todos que un viejo búho sabio lo había salvado. Los animales del bosque se miraron entre sí y sonrieron.
Eso es imposible – dijo zorro
Porque en ese bosque nadie había visto nunca a Sócrates. Los animales impresionados por su silencio empezaron a llamarlo filosofo. Sócrates sabia el secreto de la sabiduría: estar callado
Y así mientras el bosque dormía, el viejo búho seguía vigilando, recordando que la sabiduría nace de mirar al mundo con paciencia.