La nariz se me llena de color y los ojos, de alegría. Un estornudo, un dulce picor en los ojos.
Otro estornudo, lágrimas… de emoción, por supuesto.
Llegó la primavera, esa estación tan admirada en la que todo florece…
incluida mi alergia.
El aire huele a azahar, dicen.
Yo no puedo confirmarlo porque mi nariz ha dimitido. La gente sonríe, pasea, vive.
Yo también, pero puede que sea el único ser humano capaz de llorar, estornudar, toser y asfixiarse, todo a la vez.
Qué maravilla de estación, qué algarabía de vida,
qué placer tan inmenso respirar profundamente… una experiencia que te conecta con la vida… y con el antihistamínico.
Intento disfrutar del paisaje.
Pero bueno, qué estación tan alegre. Tan viva.
Tan… bipolar.
Solo queda buscar la manera de sobrevivir hasta el verano.