Sola ante el por primera vez, tantas cosas por decir, tantos sentimientos encontrados Se miraron a los ojos manteniendo la mirada. Esos ojos que había imaginado tantas veces. Esos ojos que había necesitado tanto.
No podía hablar, temblaba su cuerpo, no respondía su voz. Toda una vida esperando ese momento y nada era como lo había pensado.
Una habitación cualquiera, unos muebles modernos, una casa desconocida, unas voces de fondo. La televisión dando la noticia del nuevo presidente elegido para otros cuatro años de desconcierto en el país. Todo era tan lejano ahora, nada tenía significado.
El mundo se había parado en el instante que él había entrado en esa habitación. Su vida se paraba nada importaba solo él y se estaba acercando para darle un beso y ella seguía sin poder articular palabra, sin poder moverse un palmo de la misma loseta donde se encontraba cuando le vio entrar.
No podía, quería salir corriendo acababa de decidir que ya no le hacía falta, que, si había pasado tanto tiempo sin él, ahora ya no era necesario el reencuentro.
Su cabeza lo tenía claro pero su cuerpo no respondía y seguía allí parada sin poder reaccionar a nada. Ella que tenía respuesta para todo siempre, hoy no la encontraba.
No encontraba respuesta para su propio comportamiento, quería preguntarle tantas cosas, quería recriminar tantas otras. Necesitaba que le explicará porque y que le había llevado a comportarse así con ella.
Pero nada ni su voz ni su cuerpo respondían y en ese preciso instante recibió un beso en la mejilla y un -hola cómo estás preciosa-.
La había besado, ese beso que tanto había soñado, que tanto había deseado durante años ahora no significaba nada, se acababa de dar cuenta que no lo necesitaba, que todo había sido una creación de su mente, que le había dado la excusa perfecta para sentirse sola y abandonada. Pero no era real, ahora sabía que no estaba sola.