El bibliotecario, llevaba meses enamorado de su vecina sin haberle hablado jamás. La observaba pasear en ropa interior mientras pensaba cosas absurdas.
Una tarde coincidieron en el ascensor.
—Usted mira mucho hacia mi balcón. – dijo ella.
Sin darle tiempo a responder, el ascensor se detuvo bruscamente entre pisos. El espejo empezó a empañarse solo. Una frase apareció escrita desde dentro:
“Este relato necesita más erotismo, el lector se aburre, hagan algo” Ella lo tomó de la corbata con calma, como si lo tuviera ya decidido.
No se preocupe —susurró—. Esto siempre termina igual. Él sintió derrumbarse de golpe toda su filosofía.
Cuando las puertas se abrieron, ella salió primero. En el espejo apareció una última frase: Final aceptable