Dicotomía

Desde ese mismo momento empiezas a entender qué es el miedo. No llega de golpe, sino que se instala poco a poco. Tu razón intenta mantener el control, poner orden, pero el corazón siempre se adelanta.

Intentas engañarte, convencerte de que todo sigue igual, pero en el fondo sabes que no es cierto. Algo ha cambiado para siempre, ya no eres dueña de tu vida.

Hay días en los que te descubres pensando menos y sintiendo más. Es un miedo profundo, constante, que aprendes a esconder para poder seguir adelante, para poder darle a él una vida libre y plena, como deseas.

Poco a poco dejas de reconocerte. El yo se diluye y en su lugar solo existe el. Y aun así nunca habías sentido algo tan fuerte, tan limpio, tan inevitable. Ese sentimiento lo ocupa todo, y te empuja a luchar cada día para que no le falta nada, para que su vida sea la mejor.

Pero también llega la certeza, incomoda y persistente, no puedes contralarlo todo. Solo estas ahí para empezar el camino, para proteger mientras puedas, para sostener los primeros pasos. Después el fututo seguirá su curso, contigo o sin ti.

Y entonces lo entiendes. Todo lo vives con una intensidad que a veces desborda, aunque sabes que eres tú quien la amplificas. Porque esa vida no te pertenece. Nunca lo hizo.

En los momentos de calma, cuando por fin todo se aquieta, tu razón regresa y te susurra algo que ya habías oído antes, ¡¡cuánta razón tenía tu madre!!


error: Content is protected !!