La siesta
La arruga del cojín y el suspiro que escapa de la butaca me anuncia su presencia
Y el caballo hablo
El caballo salto entre blancas, el rey cayo, asustado con el relincho.
Su amor no era sencillo
A veces eran dos, a veces eran nadie.
El silencio vivía entre ellos como un tercer amante.
Se querían como dos relojes que no dan la misma hora, pero insisten. El silencio se sentaba entre ellos y pedía café.
Y cuando todo terminaba, su amor volvía a empezar por error. Y al final, su amor se guardaba en el bolsillo equivocado