Felicidades

Hoy alguien dijo que era el Día de la Madre, y tenemos que regalar y felicitar. Todo muy correcto: flores, mensajes en redes, llamadas.

Pero que celebramos exactamente, sus manos cansadas, sus noches en vela. Su voz repitiendo verdades que nadie más se atrevía a decir.

Sus enfados, su orgullo silencioso. ¿Porque felicitamos?, además de por sentirnos bien nosotros.

Porque un “felicidades” está vacío si no se traduce en estar, en acompañar, en cuidar.

El verdadero regalo no lleva envoltorio. Quizá es convertir un día cualquiera en presencia, en prioridad, en responsabilidad. No un gesto obligado, sino una forma de estar.

Aun así, si hoy una palabra le arranca una sonrisa, entonces sí: felicidades. Pero no por el calendario, sino por todo lo que fue, es y seguirá siendo, incluso cuando se nos olvide decirlo.


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