Recuerdos de un mundo mejor

Sentada en su rincón favorito, intentado no pensar en todo lo que estaba pasando, con profunda tristeza, y gran inquietud, le invadió ese olor conocido que sus sentidos estaban intentando ubicar.

Olor a clavo, romero y …. Nunca había sabido distinguirlos, y mira que su abuela lo había intentado, en esas mañanas de verano, en la casa del pueblo. Pero daba igual que condimento era, porque ese olor era olor a cariño, a paciencia y amor, que estaba presente en cada plato, cada sabor, cada detalle, para cada miembro de la familia.

Ese olor que ya no existía en casa, ese sabor, que se había perdido con los años, con las prisas, con la vida. ¿Sería posible recuperarlo? Seguro que sí, mientras las personas más importantes de este mundo quisieran perdonarnos, por haber alejado de nuestras vidas la sabiduría y la tradición.

Como sería nuestro mundo si escucháramos de nuevo, si dedicáramos tiempo a lo verdaderamente importante. “Necesitamos esa cocina, que nos negamos a recuperar en este mundo prefabricado” pensó.

Si estaba segura, se podía todavía recuperar, y sabía lo que tenía que hacer, cogió libreta y lápiz e hizo esa llamada.

–      Mama……


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