Sentada en el brocal que rodea esta grandiosa encina, este árbol sagrado que acoge mis pensamientos y me los devuelve en forma de sabios consejos, observo las pinceladas naranjas y rojas del atardecer que me arropan, dándome el sosiego que necesito.
Los colores cálidos se confunden con mi copa y saboreo este maravilloso vino tinto, que de inmediato, se mezcla en mi boca, aumentando el sabor del jamón serrano que lo acompaña, siento su textura. cierro los ojos y me dejo llevar a este viaje gustativo único.
Un viaje que me lleva a preguntarme ¿dónde estarás en nuestro momento preferido?, Y una vez más está encina sagrada, me da la respuesta: “disfruta tu momento, saborea, agradece la experiencia”.
Cuánta razón una vez más, querida encina, cuanta vida me ha costado aprender, que la soledad es hermosa, si es voluntaria y tienes con quien compartirla, que el pesar y la melancolía no es soledad, y que conocerme a mí misma es aceptar la responsabilidad de mi vida, me ha llevada hasta aquí, hasta este momento, a estar a cargo de mi propia felicidad.
Qué difícil vivir, pero lo sigo intentando, que sería de mi sin ti, ¡querida encina!